Dejar de Juzgar y hacer Suposiciones | 322

Dejar de Juzgar y hacer Suposiciones

Cómo dejar de juzgar y hacer suposiciones | Desarrollo Personal | Empatía | Marca Personal | Educación y respeto | Normas de convivencia | Inteligencia Emocional | Madurez y buen criterio | Disciplina Ejecutiva
El Cuento del Ladrón de Galletas, de Valerie Cox, y la importancia de no hacer suposiciones.


El Ladrón de Galletas.

Por: Valerie Cox.

Una noche, una Mujer se encontraba en el aeropuerto esperando su vuelo durante una conexión. Para pasar mejor el tiempo, se fue a una tienda a comprarse un libro y una bolsa de galletas. Salió a la “sala de espera” y buscó un lugar dónde sentarse mientras se anunciaba su vuelo.

Y mientras la lectura la absorbía, de repente,

se dio cuenta que el Señor sentado junto a ella, un desconocido, descaradamente tomaba una, dos y varias galletas de la bolsa que ella dejó entre los dos; el desparpajo de aquel tipo la sorprendió, ella no fue capaz de decirle nada, ni reclamarle, porque quería evitar una escena en público.

La señora siguió comiendo galletas y miraba el reloj,

mientras que el entrometido Señor seguía comiéndose las galletas de la bolsa. A medida que pasaban los minutos ella se iba irritando más y más, y pensaba:

“Si no fuera porque parece un señor muy agradable y hasta simpático, ¡Le pondría un ojo morado!”.

Con cada galleta que ella tomaba, él también agarraba una.

Ya cuando solo quedaba una galleta, se preguntaba: “¿Qué voy a hacer?”. Con una sonrisa en la cara, y riéndose nerviosamente, él tomó la última galleta y la rompió en dos partes.

Él le ofreció a la señora una mitad mientras se comía la otra. Ella se la arrebató y pensó:

“Ooooh Dios mío dame paciencia, no cabe duda que este tipo tiene agallas, es un sinvergüenza y también es muy grosero, mira que no mostrar ninguna gratitud”.

La señora trataba de recordar cuándo fue la última vez

que se sintió tan molesta, entonces, suspiró con alivio cuando escuchó que anunciaban el abordaje de su vuelo. Recogió sus pertenencias y se dirigió hacia la puerta de embarque, negándose a voltear hacia atrás, para no tener que ver más al ingrato ladrón.

Visiblemente enfadada, abordó el avión y fue a sentarse a su lugar. Luego, buscó su libro, para retomarlo donde se había quedado. Cuando alcanzó su equipaje de cabina, suspiró sorprendida. “Allí había una bolsa llena de galletas”.

Empezó a regañarse a sí misma con desesperación:

“Si mi bolsa está aquí, las otras galletas eran suyas, ¡ese Señor me las estaba compartiendo!”.

Ya era demasiado tarde para disculparse. Con mucha pena, se dio cuenta de que ella era la grosera, la ingrata, y la ladrona.

Esta es mi versión del popular cuento de Valerie Cox “El ladrón de galletas”.

¿Cuántas veces no nos ha pasado algo similar?

A cuántos de ustedes no les ha sucedido alguna cosa extraña de la cual han culpado a otra persona, solo para darse cuenta al final de que estaban equivocados, y de que solo ustedes y nadie más habían sido los culpables. Pasa cuando al hacer suposiciones desaparece un objeto, cuando encuentras roto un instrumento, o cuando descubres que el saco que dejaste colgado de una silla estaba manchado, y asumes que ha sido alguien más.

Hacer suposiciones está en nuestra naturaleza, los seres humanos tendemos a buscar las causas de los errores en los demás, y no en nosotros.

La primera reacción ante situaciones críticas es hacer suposiciones como: “Qué hiciste”, “Qué habrás hecho”, “Dónde lo habrán dejado”.

Los seres humanos somos propensos a hacer suposiciones acerca de todo, hasta sobre lo que los demás piensan, como si pudiéramos leerles el pensamiento.

Traba de no hacer suposiciones. Tendemos a hacer suposiciones sobre todas las cosas. El problema es que, al hacerlo, creemos que es cierto. Y lo peor es que hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan, y en ocasiones nos lo tomamos personalmente, y después culpamos a los demás y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos suposiciones nos buscamos problemas.

-Miguel Ruiz. Libro “Los Cuatro Acuerdos”.

Antes de hacer un juicio y señalar a los demás, primero

evaluemos si la causa de una situación crítica pudo haber sido provocada por nosotros mismos. Antes de opinar, otorguemos el beneficio de la duda a los demás.

Mucha gente tiene razones justificadas para actuar como lo hace, y encima atribuimos sus acciones a su propia naturaleza: “Lo hace porque es grosero”, “Lo hace porque es un inconsciente“, o “Lo hace porque es tonto”.

Algunos habrán escuchado un caso que sucedió en España, donde una señora se encontró una tarjeta de crédito en un supermercado, y en lugar de entregarla la utilizó para comprar comida y pañales a sus hijos.Todo mundo la juzgaba como a cualquier otro criminal, mucha gente supuso que era malvada, en lugar de pensar que ella ya tenía mucho tiempo sin trabajo y no recibía ayuda material ni económica. La crítica situación la arrojó a hacer algo indebido, a tomar una mala decisión.

Como mejorar el pensamiento Crítico.
Dominarse a uno mismo y guardar autocontrol durante una

situación crítica, puede no parecer importante en ese momento, pero demostrar serenidad y actuar tranquilamente son indicios de una buena Marca Personal.

Quienes mantienen una mente abierta a aceptar otras ideas y a

proponer soluciones proyectan una buena imagen; aceptar de entrada que las cosas no siempre son lo que parecen es señal de madurez y buen criterio.

Recomendaciones para encontrar creativamente soluciones.

Es justo durante situaciones de alto estrés,

cuando tendemos a mostrar quiénes somos realmente, como cuando manejamos un coche y se nos atraviesa un loco, o como cuando nos dan una mala noticia en medio de una junta de trabajo, es en estos eventos donde sacamos a relucir nuestro verdadero Yo; allí es donde mostramos nuestro temple y capacidad de liderazgo.

Cómo transmitir confianza al hablar.

¿Somos buenos ejecutivos o personas del montón?.

Ya he comentado algo de esto en la emisión 079 Cómo transmitir confianza al hablar, que no se puede tratar de tranquilizar a los demás si antes no se tiene un completo control de uno mismo.

Solemos pensar solo en nosotros mismos, en que no cometamos errores o que al menos eso piensen los demás; porque eso sí, nos interesa más cómo nos ven o cómo nos juzgan los demás, en lugar de ver cómo los podemos ayudar, o en buscar la forma de agregarles valor.

Cuántas veces hemos perdido la oportunidad de conocer gente valiosa, gente con la que pudimos haber colaborado y hasta tenido una amistad.

Al final, cada uno es el que escoge su reacción ante una situación crítica, puedo actuar con dominio de mi persona y mis acciones, o dejo que la situación me domine a mí y me deje llevar por las circunstancias y las reacciones de los demás.

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