Búscate amigos que lean | 651

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Búscate amigos que lean | Las ventajas de contar con amistades lectoras | Artículo escrito por: Gustavo Pérez Ruiz

Búscate amigos que lean

En una ocasión, un escritor muy reconocido fue entrevistado por un periodista acerca de su notable producción literaria, y en algún punto de la entrevista, el periodista le preguntó:

-Maestro, ¿a usted le sucedió que mientras iba leyendo cada vez más y más, y conforme iba creciendo en edad y en lecturas, no notaba que se iba quedando sin amigos?… ¿sin amigos que lean?

El reconocido escritor hizo un pequeño silencio y se quedó viendo fijamente a su expectante entrevistador, y con una leve mueca que apenas parecía una sonrisa le contestó:

-Es probable que en ocasiones eso llegue a suceder, pero Yo a usted más bien le recomendaría que se busque amigos que lean.

Esta anécdota de ¡Búscate amigos que lean! la leí hace muchos años,

probablemente en la sección cultural de El Búho, ese interesante suplemento dominical que publicaba René Avilés Fabila en el periódico de la vida nacional, el Excelsior de México.

No puedo recordar el nombre del escritor ni tampoco el del periodista pero me he permitido traer a colación esa anécdota en vista de la novedosa forma en que en esta actualidad empezamos a entablar relaciones tanto personales como profesionales pero en redes sociales.

Una parte de mi persona cree que una amistad verdadera puede establecerse más allá de una gran diferencia de lecturas entre una y otra personal.

El hecho de que alguien haya leído más de quinientos libros y su mejor amigo no haya superado los diez, esto no es un factor decisivo para que no pueda existir una conexión e identificación mutua, o un entendimiento tan bueno que pueda ser considerado como amistad, como una verdadera y estrecha amistad.

Pero, otra parte de mi también sostiene la idea de que una gran diferencia en la cantidad de libros leídos,

especialmente cuando una de las partes carece prácticamente de lecturas dentro de su acervo cultural, tampoco es el mejor terreno para tratar de cultivar una amistad fuerte y duradera.

Además, creo que la comparación de lecturas entre amigos tampoco tienen que ser exactamente las mismas ni parecerse en un gran porcentaje, porque

Yo no entiendo la amistad como una competencia ni como un concurso de «¿Vamos a ver quién ha leído más?».
La amistad es muchas cosas más:
es afinidad, afinidad de muchas otros temas, y no solo literarios, más allá de las lecturas la amistad es complementariedad;
lo que Yo sé te lo comparto y viceversa, ya sabemos que tenemos puntos de vista contrarios, pero aceptamos nuestros divergencias de ideología con sensatez, con comprensión, con empatía, y entendemos que juntos nos enriquecemos para crecer a la par, por eso somos amigos.

Pero, cuando una de las partes es notablemente superior a la otra en cantidad de lecturas,

entonces la relación de amistad entre dos personas más bien podría llegar a parecerse a una relación académica entre maestro y alumno, lo cual tampoco quita que no pueda surgir una amistad de este tipo de interacciones,

y esto se llega a presentar en cualquier clase de interacción social, como por ejemplo el noviazgo y el matrimonio.

Allí está el clásico ejemplo del escritor irlandés James Joyce.

James Joyce era una verdadera máquina de consumir libros, y se casó con Nora Barnacle, una mujer de la clase trabajadora que prácticamente no había leído nada.

Nora Barnacle fue una gran mujer que complementaba a Joyce en muchos otros aspectos, haciendo una especie de fiel de la balanza, dada su gran inteligencia práctica.

El problema de las lecturas desproporcionadas en una relación –tanto personal como profesional- surge cuando una de las partes, la parte más lectora, adopta un papel de superioridad,

y en el momento que esto sucede, la parte menos lectora podría dar por concluida la relación, porque a nadie le gusta convivir con alguien que se siente mejor y que además te lo haga notar.

¿Será difícil encontrar amigos que lean?

Yo creo que los amigos de toda la vida, los amigos que sembramos desde la adolescencia o desde la infancia son difíciles de encontrar, y en muchos casos difíciles de cambiar, y eso para mí debe ser bueno para la relación.

Cuando una de esas amistades no ha desarrollado el hábito de la lectura como base para su crecimiento personal esto no quiere decir que no pueda aportar sus propias propuestas de valor.

Quizá algunos amigos no desarrollaron el hábito de la lectura,

pero aún así se pueden sentir con la suficiente confianza para dar su más sincera retroalimentación a sus amigos, y eso vale su peso en oro, por ejemplo:

Puede que Fulano no tenga tantas lecturas como su mejor amigo, pero quizá no exista una mejor persona que Fulano para decirle a su mejor amigo lo que le tiene que decir y no lo que quiere escuchar,

porque los amigos no están para adularse mutuamente, sino para decirse sus verdades respetuosamente, para proporcionarse su propio punto de vista desde su más sincera opinión.

Los amigos que se van acumulando en la edad adulta creo que tampoco pueden ser muchos,

porque mientras vamos creciendo en edad, en experiencia y en lecturas, nos vamos transformando en entes con criterios más específicos y en algunos casos con valores muy rígidos,

y conforme vamos conociendo más gente, tanto en el mundo presencial como en el virtual (en redes sociales) también nos vamos haciendo más exigentes con el nivel de intelectualidad que esperamos de nuestro potencial amigo o amiga.

El periodista de la historia que conté al principio sentía que se iba quedando sin amigos porque conforme acumulaba lecturas, seguramente iba creciendo en auto-consciencia y también en criterio,

y se comparaba (como no debía hacerlo) con sus amigos, o en su caso sentía que sus discusiones eran desiguales y desproporcionadas, esto es,

la acumulación de lecturas le iba proporcionando diversas perspectivas con las que iba formando nuevas y personales ideologías.

A diferencia de sus amigos, el periodista crecía más en lecturas

Pero, en la medida que notaba que su propio crecimiento personal iba ampliándose sentía que esas ideologías ya no encajaban en el antiguo panorama de ideales y valores que compartía con sus amigos,

quienes seguramente seguirían defendiendo esa misma mentalidad de siempre a falta de nuevas perspectivas,

unas ideas que el periodista probablemente quiso hacer patentes entre sus antiguas amistades, pero que al hacerlo de manera inapropiada no lograron calar dentro de la ideología de sus amigos, porque

A) Los que menos leen casi siempre son los más renuentes a aceptar nuevas ideologías, y

B) Por orgullo de los amigos, al seguir considerando al periodista en lo que siempre lo habían tenido, «como uno más de ellos», o incluso lo veían como alguien con un nivel inferior, en cuyo caso el orgullo es el factor determinante para responder reactivamente ante esa nueva personalidad, o

C) Por que el entrevistador no supo transmitir a sus amigos su nuevo saber, ya sea por presunción, por egoísmo o también por desprecio.

En cualquier caso, la cantidad de lecturas, muchas o pocas no deberían ser un factor de peso en el establecimiento de una buena relación de camaradería.

Relaciones de lectores en las Redes Sociales

Desde mi particular punto de vista, puedo decir que el mundo virtual de las redes sociales y las plataformas digitales, en especial el Twitter y este Podcast respectivamente,

me han permitido entablar relaciones cercanas con personas lejanas a quienes todavía no he podido estrechar la mano a nivel personal.

Aún no he tenido el gusto de abrazar a algunas personas a quienes hoy considero mis amigos y mis amigas, esto gracias a las diversas ideologías que compartimos en chats, Emails y conferencias Online, y esto va más allá de las muchas lecturas con las que éstos amigos y amigas me superan,

¡y yo encantado de que así sea!

Los amigos -independientemente de que lean mucho o no- a uno siempre lo impulsan, lo conminan a ser mejor, a empezar algo nuevo, a continuarlo, a avanzar y casi lo obligan a concluir eso que se está desarrollando.

Las amistades están junto a uno durante todo este proceso de crecimiento personal y profesional, lo van viendo a uno crecer y también cometer errores, pero sin juzgarle.

Los amigos lo retan a uno a alcanzar sus propias metas y siempre nos recuerdan:

-Tú dijiste ‘Voy a hacer esto‘ y ahora lo tienes que hacer, porque te hará mucho bien concluirlo.
Los amigos están allí esperando que nos superemos y logremos lo que nos propusimos, y muy en especial también están para compartirnos sus lecturas y su opinión acerca de las nuestras.
No creo que la escasez de lecturas deba ser un factor predominante para dejar de entablar o cultivar nuevas amistades,

pero por otro lado, en lo que si estoy aun más convencido es que las lecturas, y mientras más sean mejor.

Las lecturas ayudan en gran medida a que una relación sea enriquecedora, abierta al diálogo, y especialmente apta para la empatía y la escucha activa,

porque leer mucho implica mucha cosas,
leer mucho implica una apertura de mentalidad con un criterio mesurado;

la acumulación de lecturas propicia una mejor forma de ver la vida en compañía de los amigos.


«La lectura no da al hombre sabiduría, le da conocimientos».

-William Somerset Maugham (1874-1956)

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Imagen de «Búscate amigos que lean» de Pixabay.com libre de Derechos de Autor.
Fotógrafa:  Mary Anatoneag

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