¿Te sabes manejar como tu propio Jefe? | 694

¿Quiéres ser tu propio Jefe? | Cómo convertirte en tu propio Jefe | ¿Te sabes manejar como tu propio Jefe? | Sé tu propio jefe o superior | Qué significa ser tu propio Jefe o Supervisor directo | Cómo rendirte cuentas a ti mismo | Cómo convertirte en tu propio jefe como Gustavo Pérez Ruiz | Consejos para ser tu mismo jefe
¿Te sabes manejar como tu propio Jefe? | Cómo ser tu propio Jefe | Artículo original de Gustavo Pérez Ruiz.

¿Te sabes manejar como tu propio Jefe?

Para muchos tener un jefe es una fortuna, y máxime hoy en día.

Empezando porque se asume que quien tiene un jefe cuenta con un empleo y por lo mismo con la oportunidad de poder aprovechar su tiempo para desarrollar un trabajo que al mismo tiempo sea remunerado.

Para otros, reportar a un superior puede implicar un fastidio, uno que preferirían evitar, pero evitarlo es prácticamente imposible porque hasta un freelancer, un autónomo o un profesionista independiente cuentan a mi forma de ver con dos tipos de jefes:

PRIMERO) El cliente, que es como un jefe, porque éste tiene todo el poder de exigir y decidir cuándo contratarte y cuándo despedirte. Y,,,

SEGUNDO) Tú mismo, o tú misma. Esto significa que si tu eres un trabajador-empresa, un profesional que representa a su propia marca, o en su caso eres tu propia marca, tu eres tu propio jefe.

Te has de saber manejar como si fueses tu Jefe

Como seguramente sabes, el hecho de tener un jefe o reportar a un supervisor conlleva una serie de acciones basadas en el cumplimiento necesario de determinadas funciones de forma responsable y efectiva, de forma que ese superior las califique y las apruebe o en su caso las desapruebe.

¿Qué significa cumplir con las expectativas y cómo calificarte?

Es posible que en algún momento de tu carrera hayas sido un jefe, o casualmente todavía lo seas, lo cual implica que al menos tenías o tienes a una o dos personas bajo tu mando, probablemente más, quizá tenías varias gerencias o un equipo de diversos profesionales que te reportaban.

Y en ese caso, seguro que actuabas con cierto nivel de exigencia a la hora de calificar o de evaluar al personal que te debía rendir cuentas.

Consejos para rendir cuentas a tu jefe desde casa

Y, cómo tu propio jefe, o siendo tú tu única Jefa:

¿Qué margen de libertad te permites a ti mismo o a ti misma para actuar y alcanzar los objetivos que te propones?

¿Cómo te comportas contigo mismo como tu único Jefe?
¿Eres benevolente con tu falta de acción?
¿Tú eres muy dura con los errores que comentes?
¿Eres benigno con tus actos de negligencia y mediocridad?

¿Te toleras actitudes de apatía, dejadez o pereza?

Cuando ya no te surgen ideas o no encuentras el camino de la creatividad y todavía tienes tiempo por delante

¿Te aceptas las distracciones improductivas?, esas que más que ‘un descanso para tomarte un café y refrescar tus pensamientos’ significan en el fondo de tu cabeza que ya no vas a hacer nada por avanzar sino hasta el día siguiente, porque mañana es otro día y así ya estarás con más humor para crear o intentar innovar.

Y, cuando sientes apatía o debilidad para continuar con tu trabajo,

¿Te pones pretextos para procrastinar?

¿Te permites o te das la libertad de no trabajar?, o en su caso actúas contra ti mismo con todo rigor, como si le exigieses resultados a uno de tus subalternos.

Por supuesto que a uno de tus subalternos no le permitirías que decaiga o que baje el ritmo , probablemente le comentarías muy seriamente -tal como hace un líder que se precie de serlo- que esperas de él o de ella una actitud proactiva.

Le pedirías que «le eche ganas» y demuestre buenas intenciones con acciones y avances diarios.

Y, al igual que lo haces con otros,
¿A ti te exiges el mismo grado de compromiso para concluir tus actividades del día?

En los momentos en que no encuentras a nadie para hacerle extensivo tu trabajo, ese que no puedes o te da pereza hacer,

¿Delegas en ti mismo las actividades que ordenaste por prioridades?

Y, como tu propio Jefe ¿Sigues a rajatabla tus propias indicaciones? o

Prefieres hacer caso omiso de tus instrucciones directas ya que al día siguiente -más pronto que tarde- contradices tus propias órdenes, porque te asignaste nuevas prioridades, ¡Es que amaneciste con otras ideas interesantes!

Aprende a aceptar y manejar a tu Jefe interior

Aceptar que uno se equivoca o que ha tomado una mala decisión es una determinación común que un razonable profesional puede tomar.

Pero ¿Qué le dices a tu subordinado que diario acepta errores como consecuencia de cambiar a cada rato las prioridades?, esto es algo que en tu caso solo te permites a ti.

Claro, la desorientación, la confusión, la inacción, el titubeo en la toma de decisiones son consecuencias probables del desorden mental, de la falta de planeación, de la incompetencia, de la negligencia, o de la incapacidad de poder proyectar con perspectiva todos los trabajos hacia un solo objetivo.

Seguro que las anteriores carencias y debilidades las encuentras rápidamente en los démás.

Es muy fácil ver los errores que otros cometen, especialmente los de tus empleados.

Y, cuando eres el jefe te sientes en total de libertad de manifestarle a tus asistentes todo aquello que te provee «tu gran visión de campo» aunado a «tu experiencia».

Pero en tu propio caso, tú como tu jefe exclusivo,

¿Por qué te permites ser menos exigente contigo?,

¿Cómo vas a llegar tan pronto a tu objetivo si eres un workaholic, si siempre estás tan ocupado?, no tienes tiempo de contestarle el teléfono ni a tus familiares.

Lo bueno es que te comprendes, porque te has impuesto demasiados objetivos, tantos que no puedes atacarlos todos mismo tiempo.

Y al final no alcanzas las metas parciales, ni una ni la otra, mucho menos las metas de largo plazo; es que te justificas a ti mismo frente a los demás porque así eres y siempre has sido, un trabajador empedernido,

y en la primera oportunidad que se te presenta no te da ninguna vergüenza exponer tu negligencia como si fuese un sacrificio personal.

En pocas ocasiones te hablas a ti mismo o a ti misma en tono altisonante.

Casi nunca te alzas la voz, afortunadamente te equivocas muy poco, pero cuando lo haces y te lo aceptas -solo a ti- puede sobrevenir una depresión.

Y te castigas duramente, te dices que no es posible, que no debiste permitírtelo, que tomaste una mala decisión o que fallaste.

Pero eso sí, jamás te amenazas con bajarte el sueldo ni con buscarte un sustituto de ti mismo, ¡faltaba más!

En ningún caso te pasa por la mente despedirte por incompetente,
Cómo vas a ser incompetente si tú mismo has declarado públicamente, en más de una ocasión, que has tenido éxito,
¡que eres un referente en tu medio!,
que eres el número uno en tu industria de acuerdo con unas estadísticas que tú mismo armaste, aunque ya no puedas demostrar cómo hiciste para llegar a esas conclusiones.

Por momentos, cuando atraviesas por un sueño que te parece como un éxito, porque no lo esperabas de ti. Ya puedes manejar a tu propio jefe, ¡a ti mismo!

Te acuerdas que tenías un jefe de quien te dabas cuenta se desempeñaba muy por debajo del nivel que se le exigía y también lejos de lo que ganaba como tu superior. Manejar un jefe así no era sencillo.

Pero cuando por fin te conviertes en tu propio jefe -ideal al que hoy en día aspiran casi todos-,

por tu mente no pasa la idea de que de te desempeñas por debajo del nivel en el que dices estar.

Difícilmente te das cuenta de que no cumples con los valores que pregonas.

Es posible que te hayas confeccionado un impresionante discurso de presentación, un ‘elevator pitch’ de nivel ‘top’.

Pero ni tu discurso ni tu descripción del perfil en redes sociales son congruentes con las acciones que demuestras públicamente. Este es uno de los problemas e inconvenientes de ser uno su propio jefe: la falta de objetividad o el exceso de subjetividad deformada por lo que quisiéramos ser sin poder conseguirlo.

Con esta falta de visión será difícil manejar a tu jefe interior.

Entonces, planear, dirigir, controlar y concretar acciones que te conduzcan a un objetivo, a uno que tienes que alcanzar por ti mismo -como tu propio jefe- sin necesidad de injerencia externa no es sencillo, especialmente cuando tengas que lidiar contra ti mismo.

Si, no es fácil pero es posible.

Si idealmente pudieses contratar o subcontratar a una persona exactamente igual a ti en todos los sentidos, como si fuera tu propio clon ¿lo harías?

Yo creo que no, empezando porque no estarías dispuesto a realizar las actividades que tu no puedes o no quieres hacer.

Él o ella -tu propio clon- respondería con tu misma actitud y como ya te conoces sabes que tu mismo representarías tu propio lastre, serías tu propia carga, la cual te duplicaría el peso.

Por otro lado, siendo constructivos, también podrías ordenarte a ti mismo o a tu clon estudiar eso que sabes que te hace falta y que te complementaría tan bien.

Ya sabes qué careces de ciertas habilidades las cuales tú mismo te presionarías a dominar a base de práctica constante.

Sabes de sobre qué decirte para mejorar esas destrezas que necesitas, solo es cuestión de hablarte de la forma en que solo tú sabes para ponerte en marcha y no permitirte bajar el pie del acelerador. 

Te insistirías constantemente hasta ver que alcances tus metas personales.

Solo tú sabes cómo tratarte y procurarte.

Solo tú conoces las debilidades que te apenan y quisieras superar, pero más que insultarte a ti mismo o a ti misma por tu falta de creatividad y constancia debes alentarte con firmeza para seguir en la lucha,

y cuando irremediablemente falles, te equivoques o fracases, deberás asumir todas las consecuencias y aunque te cueste trabajo debes poder perdonarte.

PERDONARTE es de alguna forma aceptarte en todo tu conjunto, y asumir que si no puedes despedirte a ti mismo tendrás que hacer -con toda seriedad- cambios internos con el fin de mejorar, de superarte, más que compararte o ponerte en competencia con los demás.


“Haz tu trabajo precisamente como si fueras tu propio jefe. Y tarde que temprano tú lo serás”.

-Napoleon Hill

Imagen de ‘¿Te sabes manejar como tu propio Jefe?’ obtenida de Pixabay.com libre de Derechos de Autor.
Fotógrafo: Gerd Altmann

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