Baila hasta que llueva | 763

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Baila hasta que llueva | Historia de Tom Ziglar y adaptación del artículo de: Gustavo Pérez Ruiz

No sé si sea figuración mía o puede que lo esté alucinando,

pero últimamente estoy notando que la palabra ‘Éxito’ predomina en el lenguaje cotidiano de la gente en general, y también abunda en los contenidos escritos y audiovisuales que consumo tanto en los medios masivos (TV y Radio) como en los digitales.

Sí, leo y escucho por todos lados la palabra ‘Éxito’ y sus derivados, en títulos de blogs y vídeos, en encabezados y contenidos de páginas web, en carruseles de Instagram, en infografías, etcétera,,,

¿Cómo ser exitoso?

¿Cómo planear una campaña de éxito?

¿De qué forma lograr que tu evento sea todo un éxito?

¿Cómo vender exitosamente?

¿Quién es más exitoso el que gana más dinero o el que produce más trabajo?

Y la siempre difícil pregunta, difícil y tenebrosa por el espíritu que puede proyectar cada respuesta:

¿Te consideras una persona de éxito?

Todas estas son cuestiones normales que inquietan a quienes buscan sus respuestas en Google, en Bing y hasta preguntándole a Siri o a Alexa.

Luego, al ponerme a cotejar la palabra éxito en Google Trends -la herramienta que muestra los términos de búsqueda más populares del pasado reciente-, en comparación con las palabras ‘Gratis’ o ‘Sexo’, que son las palabras más buscadas del Internet, vemos que su peso relativo -el de la palabra éxito- todavía está muy por debajo de ‘Sexo’ o de ‘Gratis’, pero al compararle con la palabra fracaso encuentro grandes similitudes gráficas en cuanto a ponderación y porcentajes de búsqueda.

Baila hasta que llueva es una útil metáfora de vida

Esta digamos poliédrica palabra, porque tiene múltiples caras con diversas respuestas me hace recordar una historia que leí hace tiempo en el blog de Tom Ziglar, hijo del ilustre Zig Ziglar (aquel escritor y orador tan reconocido por sus escritos y pláticas motivacionales), cuyo título es: “Enfócate en la tormenta. Baila hasta que llueva”.

Tom Ziglar cuenta en ‘Baila hasta que llueva’ que existía -y probablemente todavía exista- una tribu de aborígenes australianos famosos por hacer danzas de la lluvia.

Comenta que cada comunidad australiana que padecía los efectos de una ‘Gran sequía’ mandaba traer a este venerable grupo a su región.

Afirma que una vez que estos señores arribaban al sitio del problema y se ponían a bailar, en el 100% de las ocasiones la lluvia terminaba cayendo, y copiosamente.

En cierta ocasión, después de provocar la anhelada lluvia con alguno de estos bailes rituales, uno de los representantes de la comunidad que había llamado a esos llamémosles “chamanes” tuvo una conversación en privado con uno de los miembros más viejos de la tribu, y se tomó la libertad de preguntarle:

«Oiga, ¿Cómo es que siempre tienen tanto éxito?»

A lo que el viejo le contestó:

“Mire, la respuesta es realmente muy simple: ¡Solo bailamos hasta que llueva!”

Claro, allí el viejo estaba admitiendo, con toda sensatez, que detrás de ese respetable ritual en forma de baile no existía ningún truco ni magia, simplemente ya sabían por años y años de experiencia acumulada que después de una grave sequía la lluvia terminaría por caer tarde que temprano

Solo era cuestión de hacer SU trabajo para esperar el acontecimiento que eventualmente acabaría llegando.

Unas veces bailarían más tiempo que otras, pero el resultado siempre era el mismo, llovería en ese territorio.

Causa y efecto; baile y luego lluvia.

Acción y reacción; trabajo y luego éxito.

A este respecto, ahora recuerdo la frase del pintor cubista Pablo Picasso quien dijo:

“La acción es clave fundamental de todo éxito”.

¡Y estoy totalmente de acuerdo!

A nivel personal creo que la acumulación consistente de un trabajo regular y sostenido, cualquiera que este sea, solo es el baile preliminar de la lluvia que inevitablemente está por llegar; la lluvia en forma de logro, de meta superada, de objetivo cumplido, de hito alcanzado, de “Éxito” por decirlo con una sola palabra.

Esta metáfora nos lleva a preguntarnos a nosotros mismos:

¿Estoy verdaderamente comprometido a bailar hasta que llueva?

Ooo,,,

¿Estas tú determinado a seguir trabajando en el mismo lugar y en el mismo puesto que llevas durante equis años, desarrollando las misma funciones y responsabilidades hasta que logres esa meta que te propusiste cuando arribaste a esa posición?

¿Vas a seguir produciendo ese trabajo que tanto te gusta realizar con el fin de llegar al objetivo que te marcaste hace equis meses?

Ooo,,,

¿Tú estás dispuesta a seguir creando con disciplina y regularidad contenido propio en Instagram, en Youtube o en tu blog hasta que alcances ese hito que solo tú entiendes como éxito?

Siií, todos aspiramos a ser exitosos.

Todos anhelamos obtener determinado grado de éxito en lo que hacemos. Creo que éstas son ambiciones totalmente loables y respetables.

Todos queremos lograr algo que nos enorgullezca o que nos satisfaga de la forma que esperamos.

Pero, a mi entender, el éxito se corona después de haber juntado una razonable cantidad de trabajo, para unos (lógicamente) tendrá que ser más trabajo que para otros; el éxito difícilmente llegará sin haber acumulado Cantidad y Calidad.

Sin embargo, lo que para mi o para otro o para ti significa el éxito, puede que para los demás seguramente no lo sea, y allí es donde cada uno discrepa del resto acerca de la definición más acertada.


¿Tú, qué entiendes por éxito?

A la mayoría nos resulta complejo encontrar una respuesta personal que nos satisfaga, que lo satisfaga a uno mismo, no a los demás.

Y tan difícil es definir al éxito que nuestra misma idea irá evolucionando con el paso del tiempo.

Para mi, por ejemplo, en algún momento de la vida el éxito significaba obtener un trabajo satisfactorio, uno que me diese la posibilidad de ir escalando jerarquías lo más alto que fuera posible.

Hoy lo veo de otra forma.

Ahora el éxito me parece que tiene que ver más con desarrollar lo que a mi me da más satisfacción hacer, y por allí (hasta donde sea posible) que me aporte un bienestar personal en forma de independencia financiera; esto por supuesto que no tiene nada que ver con lo que tú u otra persona asuman como definición de éxito.


Hace poco vi en la televisión la entrevista que le hicieron a una pareja de “blogueros viajeros”, y allí exponían que se dedican a desarrollar la actividad con la que más se sienten satisfechos.

A) Yo entendí que para ellos viajar era una de sus actividades satisfactorias.

B) Luego, compartir en su blog imágenes, información y recomendaciones de sus viajes era otra de esas actividades satisfactorias.

C) Supongo que el éxito definitivo sería una combinación de todo eso en la medida que les pueda ser rentable, un trabajo conjunto que puedan utilizar como medio de vida.

Ésta, como cualquier otra, es una idea respetable acerca del éxito, una de la que estoy seguro que muchos aspirarían imitar, igualar y superar, y por supuesto que no todos la aprueban como definición de éxito.


Una historia real acerca de la concepción del éxito

Recuerdo que en alguna ocasión, un periodista le preguntó al escritor mexicano Carlos Fuentes que si después de tantos premios y reconocimientos (como el Premio Cervantes o el Príncipe de Asturias a las letras) estaba obsesionado con obtener el Premio Nobel de Literatura, o si ya lo veía como algo inalcanzable, a lo que él le contestó:

“Yo ya lo he ganado, todos los escritores latinoamericanos lo hemos obtenido. El colombiano Gabriel García Márquez ganó el Nobel de Literatura por todos nosotros”.

Aquí Fuentes quería atribuir el éxito de García Márquez como si fuese uno colectivo. Argumentaba que esa medalla que ganó su amigo colombiano representaba el éxito conjunto de todos sus colegas de la entonces llamada «La nueva corriente del Boom latinoamericano”.

Desde mi punto de vista Carlos Fuentes reconocía que ya no necesitaba más condecoraciones, ya que lo que había obtenido hasta ese momento le era suficiente. Claro que hubiera aceptado el Premio Nobel, ¡Con todo gusto!, pero prefería compartir y repartir la satisfacción de uno de sus mejores amigos, Gabriel García Márquez.

En relación al mismo Premio Nobel de literatura, como hito o codiciable éxito por alcanzar, el enorme escritor argentino Jorge Luis Borges replicó con ‘magnífica ironía’ el desdén que la Academia de los premios Nobel le hacía año con año, ya que nunca se lo otorgaron, y dijo:

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído”.

Hablando de Borges, puede que te interese leer este artículo que escribí acerca de ‘Matilde Urbach’ (posible musa de Jorge Luis Borges).

Yo creo que «El Éxito» no se puede generalizar.

Al final el éxito es lo que cada uno defina como tal.

Supongo que para los lamas tibetanos el éxito será amanecer cada día.

Para otros el éxito tendrá relación directa con mantener su empleo, para algunos jóvenes será aprobar matemáticas con la mínima calificación, para otros alumnos (también de matemáticas) será sacar un diez absoluto de calificación, para otros es ser el primero de la clase.

Para algunos individuos el éxito significa ser reconocidos por la acumulación de un conocimiento específico, como el que sabe más de historia naval (por poner un ejemplo).

Entre muchos virtuosos el éxito implica dominar con maestría una habilidad difícil de igualar y superar, como tocar el piano como Rubinstein, o manejar la raqueta de tenis como Rafa Nadal.

Para otras tantas personas éxito significa que otros los reconozcan como meritorios, o sea que los demás admitan lo que él o ella entienden como SU éxito, y desean que eso sea aceptado ampliamente por sus círculos de influencia (éste, para mí, es un escabroso concepto del éxito).

En tu caso,,,

¿Entiendes el éxito como el reconocimiento que los demás te deben otorgar acerca de lo que tú consideras que debe ser aplaudido?

Si es así, en ese caso puede que el éxito solo sea una idea que te provoca el ansia de reconocimiento, el anhelo de ser aceptado como tú quisieras que los demás lo hicieran.

Para muchos el éxito llega cuando otros los aprueban como exitosos, hayan hecho o no los méritos suficientes. Y esta relativa ponderación del éxito puede llegarles en forma de ‘likes’, o en número de seguidores, o en ingresos percibidos.
Para mi este es un complejo entendimiento o digamos un consentimiento desmedido del significado del éxito, uno prácticamente imposible de lograr, porque convencer a todos de lo que uno piensa y que además se lo reconozcan, ¡Vamos ver quién lo puede lograr!

Mejor baila hasta que llueva en lugar de ponerte a presumir

El hecho de publicar tus fotos en situaciones que para muchos pueden ser idílicas o inalcanzables, como en paisajes alejados del presupuesto del común de los mortales, o practicando una actividad que solo menos del 1% de la población puede experimentar, quizá te lleva a pensar que eso te proyecta como alguien de éxito.

Pero también es posible que todos esos videos e imágenes sean una pantalla para proyectar el concepto de éxito que solo tú entiendes, y buscar la aprobación de los demás NO me parece la forma de alcanzar una satisfacción, una satisfacción casi imposible de lograr.

La definición del éxito tiene muchísimo recorrido y por supuesto que alcanza para escribir muchas investigaciones, ensayos, tratados y podcasts. En su caso, ‘Baila hasta que llueva’ es una perspectiva diferente para entender el éxito.

«En lo particular creo y entiendo el éxito como la consecuencia directa y positiva de las acciones que se realizan en aras de alcanzar un objetivo, uno que uno mismo se impone. Y ese objetivo no puede ni debe vincularse a la aprobación de los demás, sino a la satisfacción de haber cumplido con un compromiso estrictamente personal».

-Gustavo Pérez Ruiz

En tu caso:

¿Entiendes el éxito como la consecuencia de tus acciones?

Y, sea o no así, “Enfócate en la tormenta y baila hasta que llueva”.


 “Es mejor fracasar en la originalidad que tener éxito en la imitación”.

-Herman Melville (1819-1891) | Autor de ‘Moby Dick’

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Imagen de ‘Baila hasta que llueva’ de Pixabay.com libre de Derechos de Autor.
Fotógrafo:  Hansuan Fábregas

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