¿Qué ves cuando me miras? | 527

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¿Qué ves cuando me miras? Frase de la imagen de Gustavo Pérez Ruiz: “Lo que opinamos acerca de otros es reflejo de lo que realmente vemos y creemos de nosotros mismos”.

¿Qué ves cuando me miras?

¿A quién ves cuando estás frente al espejo?

¿Sabes reconocerte con honestidad?

Esta es una antigua fábula que tuvo su origen en el lejano Oriente.

El Emperador de un gran reino de la antigua China estaba por encontrarse por primera vez con un reconocido monje Zen, quien se acercó al palacio para que se conociesen cara a cara.

Este Emperador reinaba un enorme país cuyos habitantes practicaban el budismo en su gran mayoria, por lo que el monje Zen estaba muy ilusionado por conocerle,

quería conversar y compartirle historias de iluminación.

Buda Gautama.- El iluminado.

Cuando el maestro Zen se apareció en uno de los salones del palacio donde ya lo esperaban, lo primero que el emperador intentó fue poner a prueba al ilustre monje, y le recibió con una pregunta:

-¿Tú qué ves cuándo me miras?

El monje no parecía extrañado ante una pregunta tan poco convencional, ni titubeo ante el sorpresivo cusestionamiento, y le respondió:

-Yo veo a Buda. Y, ¿Qué es lo que tú ves cuando me miras?

El emperador le contestó:

-Yo veo a un cerdo.

Y se quedó fijamente callado esperando la reacción del monje.

El monje por su parte se quedó evaluando esa respuesta que el Emperador le lanzó, y con mucha tranquilidad le dijo:

-Un Buda ve a Buda; un Cerdo ve a un Cerdo…

Escogí esa fábula porque expone la idea de que

lo que vemos en los demás, lo que opinamos acerca de otros es reflejo de lo que realmente vemos y creemos de nosotros mismos,

Por esto, aquellos que siempre critican negativamente a otras personas casi siempre llevan en sus comentarios la opinión implícita de la forma en cómo se ven a sí mismos.

Ahora, para completar la moraleja como Yo no podría hacerlo mejor, les voy a compartir la traducción que hice de un párrafo similar del escritor norteamericano Paul Auster, obtenido de su libro ‘Diario de Invierno’.

Tú no puedes verte a ti mismo.

Sabes cómo te ves gracias a los espejos y las fotografías, pero allá en el mundo exterior, mientras te vas moviendo y relacionando con tus semejantes, ya sean amigos o desconocidos, o tus seres más queridos, tu propio rostro es invisible para ti.

Puedes ver otras partes de ti mismo, brazos,

piernas, hombros, torso, pero solo por la parte frontal, no puedes ver nada de la parte posterior, excepto la parte trasera de tus piernas en caso de que las gires hacia adelante, pero no tu cara, nunca podrás verte la cara, y al final, -al menos en lo que a los demás les concierne-, tu cara es quien tú eres, el factor esencial de tu identidad.

Los pasaportes no contienen imágenes ni fotografías de manos y pies.

Incluso tú que has vivido durante sesenta y cuatro años dentro de tu cuerpo, probablemente serías incapaz de reconocer tu propio pie en una fotografía aislada de ese pie, y eso por no hablar de tu oreja, o de tu codo, o del acercamiento o ‘close up‘ de uno de tus ojos.

Para ti todo tu ser es tan familiar en el contexto del conjunto de toda tu persona, pero es absolutamente anónimo cuando se toma o se analiza pedazo a pedazo.

Todos somos totalmente ajenos a nosotros mismos,

y si llegamos a tener alguna idea de quienes somos en realidad, solo se deberá a que vivimos dentro de los ojos de los demás.

He seleccionado estos contenidos porque hace poco me pidieron que escribiera un ensayo donde desarrollara y explicara mi propia marca personal, y

como saben los que han escuchado o leído otras emisiones de este programa, aquí suelo hablar de marca personal, pero siempre de la marca personal de otros, de gente que considero valiosa, digna de ser reconocida por su esfuerzo, por su dedicación, por su ejemplaridad,

Pero, hablar de mi propia marca personal me ha resultado un trabajo altamente exigente, porque sabía que no podía hablar acerca de lo que desconozco,

además, debía evitar caer en la presunción de hablar bien de mi mismo; pero aún así lo hice, escribí de mi propia marca personal, de esa que Yo no puedo ver con claridad, ni aunque la vea a través de un espejo como dice Paul Auster.

Para mí ha sido muy complicado escribir acerca de una persona a quien desconozco exteriormente,

especialmente cuando lo tuve que hacer bajo unos rígidos parámetros de objetividad, tal como lo requiere y exige el personal branding.

En este espacio digital suelo comentar mis propias anécdotas, pero siempre en referencia a los fracasos, o a los eventos que me ha tocado vivir, pero creo que nunca he comentado ni mucho menos aplaudido un éxito personal.

A pesar de que la encomienda era complicada,

me aventuré a dar ese salto mortal triple hacia atrás, ahora solo me queda la duda si lo habré hecho bien o no. Ese ensayo se publicará pronto en otra plataforma digital, concretamente en Medium, aquí mismo agregaré el vínculo en cuanto se publique.


A ti, ¿se te facilita hablar de ti mismo, o de ti misma?

¿Crees que puedes describirte con objetividad?

En las redes sociales veo montones de ‘influencers’ que hablan de sí mismos y de sus éxitos con una facilidad que asusta, y no estoy negando lo que dicen, a pesar de desconocer sus cuentas de banco, o las facturas de esos coches deportivos, o de esos aviones privados que exponen como propios.

Describirse con objetividad no es hablar de que uno es el mejor, o uno de los mejores, ni tampoco decirlo contrario, que uno es el peor.

Para hablar y escribir de uno se requiere de una gran dosis de madurez, inteligencia y aceptación, porque al aceptarse uno se tiene en lo que es sin pretender otra cosa.

Hablar de la personalidad de uno mismo es casi como un vituperio, porque es como insultarse a uno mismo.

Para poder desarrollar un discurso acerca de uno mismo, lo que yo recomendaría sería hacerlo con prudencia y seriedad, esto es, primero empezando por hablar de los demás, pero solo puntualizando las cosas positivas y constructivas.

Encontrar los errores, las equivocaciones y los fracasos en los demás es lo más fácil, y para eso no se requiere tener un amplio criterio.

El ejercicio de ¿Qué ves cuando me miras? consiste en

encontrar o descubrir los elementos encomiables y las actitudes meritorias que otros tienen y que a veces incluso ellos mismos desconocen.

En la medida que te vas adiestrando en encontrar únicamente el lado constructivo de los demás, te vas a ir descubriendo poco a poco a ti mismo.

Y mientras solo digas cosas positivas de los demás, en esa misma medida estarás empezando a promover tu propia marca personal, tu cara desconocida, esa que solo aporta puntos de vista positivos y constructivos.


Trabaja por estar enamorado de la persona que ves en el espejo, esa que ha atravesado tantas cosas y todavía se mantiene de pie. -Anónimo


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Fotografía de ¿Qué ves cuando me miras? de Pixabay.com libre de Derechos de Autor.
Fotógrafo: OpenClipart Vectors

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