El Buen uso de las Malas Palabras | 177

EL BUEN USO DE LAS MALAS PALABRAS

¿Existe un buen uso de malas palabras, de las groserías?
Cuántas veces nos hemos encontrado que falla la computadora u ordenador justo en el momento más crítico, se queda como trabada, o cuando a uno le avisan que un equipo de trabajo no ha cumplido con su fecha límite de entrega, o cuando no encontramos un documento que urge presentar en una reunión, en todas estas ocasiones, más de una vez habremos proferido alguna mala palabra, una grosería en mal tono expresando nuestra molestia y desaprobación.


El uso de las malas palabras en un ambiente profesional puede llegar a aceptarse como normal, o por el contrario puede ser visto como irrespetuoso de las Normas, depende de muchos factores y de diversas situaciones.

Muchos Directores piensan que sus Gerentes, y estos a su vez piensan que los subordinados que maldicen con regularidad son incapaces de mantener la calma o son poco reflexivos. Los empleados que usan regularmente malas palabras, especialmente aquellos de boca agresiva pueden ser vistos como impulsivos y no es regla general pero sí tienen menos probabilidades de ser promovidos a puestos de mayor liderazgo, donde se requiere mayor temple y dominio de las palabras.

Es natural que se promueva a aquellos que sean vistos como profesionales mesurados, quienes saben controlar sus reacciones en situaciones de alto estrés, esta es una de las características más deseables en un líder.

Mientras más alto se va escalando en una empresa, o mientras se va uno rozando con un número mayor de potenciales clientes, más probabilidades hay de conocer ejecutivos de mayores niveles y clientes importantes (y aunque sean clientes pequeños); es en esta posición donde no se puede uno permitir el lujo de perder los estribos diciendo groserías, porque dañamos seriamente nuestra reputación, o Marca Personal.

Sugerencias y generalidades en relación al uso de malas palabras, o groserías.

Si pronunciamos una mala palabra en un momento puntual, digamos en una situación extrema, puede que esto no afecte mucho nuestra Imagen o Marca Personal, pero si proferimos groserías ya como un hábito, podemos mostrar alguna falta de inteligencia, o demostrar carencia de capacidad para poder dominar situaciones difíciles, aunque seamos totalmente competentes, las malas palabras no ayudan a construir una imagen de profesional inteligente.

Un lenguaje apropiado depende del entorno de trabajo y la cultura de la empresa. Tengamos criterio para evaluar el medio en donde estamos y el contexto en que debemos decir nuestras ideas.

El líder es quien marca la pauta a seguir. Si el líder es quien usa un lenguaje soez, indiscriminadamente con todos, de alguna forma invita a que todos también hablen con malas palabras. El problema del uso de malas palabras por parte del líder es que en momentos de mayor tensión se pueden llegar a malinterpretar o tomarse como bullying o falta de respeto. Cuando se caldean los ánimos y se sube el tono de voz, las palabras fuertes toman un significado más serio por la forma en que se expresan. Hay que evitar el uso del lenguaje altisonante cuando las discusiones se ponen críticas y en tono más serio.

Ante la duda entre una palabra grosera o un palabra educada, siempre es mejor decantarse por la que no es grosería, cualquier adjetivo que no sea una mala palabra siempre protegerá nuestra Marca Personal mucho mejor que una que si lo es, especialmente si es por escrito.

Depende del lugar, del País y de la hora.

Esto es cuestión solo de buen criterio, en lugares tan públicos como oficinas, bancos o hasta en el Centro Comercial debemos entender si el medio es propicio o no para podernos expresar con malas palabras. En algunos países es muy común el uso de groserías en cualquier sitio, y la hora también importa, incluso estando en el mismo lugar de trabajo en horario en que regularmente ya no hay nadie trabajando, y estamos con alguien de mayor confianza realmente no pasa nada, allí hasta ayuda como una liberación de tensión, o catarsis.

Si acabamos de conocer a alguien, una persona con la que no tenemos confianza, mucho más en una entrevista de trabajo, es recomendable evitar totalmente el uso de groserías

UNA REGLA.- En un grupo donde ya existe confianza, y se usan normalmente las palabras fuertes, deben evitarse cuando una persona nueva y ajena se presenta ante todos, en ese momento todos deben moderar el lenguaje hasta no alcanzar el nivel de confianza que garantice que no se va a ofender a la persona o pueda sentir que no se le da su debido respeto. Esto es clásico cuando aparecen por ejemplo algunas mujeres, o gente mayor que pueden reprobar este lenguaje, aquí se debe respetar su presencia con el uso moderado de las palabras.

Evitemos el uso de lenguaje discriminatorio, sexista u ofensivo, no hagamos chistes fuera de lugar ante aquellos que puedan sentirse aludidos o molestos por el mal uso de este vocabulario.

Aunque maldigas (o alguien lo haga) durante el curso de una conversación, esto no necesariamente significa que eres obsceno y mucho menos incompetente. Tampoco se trata de ser puritanos, si a alguien en un momento difícil se le escapa una palabra tampoco es para pedir que lo excomulguen o se le recorte el sueldo, todos somos humanos y debemos entender que algunas expresiones por groseras o procaces que sean sirven de liberación y de catarsis, no hay que tomarlas tan en serio, a no ser que nos ofendan directamente.

Mucha gente puede no sentirse aludida por el tono de voz en que se le habla, pero si a pesar de esto se siente ofendida, esto significa que está siendo vejada o sufriendo bullying. Aunque las formas sean suaves, y se hable tranquilamente, se le puede estar faltando al respeto a una persona, hay tonos y formas en que el lenguaje puede ser muy irrespetuoso y profano, esto es común cuando se usa un vocabulario sexista con o frente a una mujer, o se quiere dar a entender sutilmente que alguien es incapaz, o lo peor, que se comente o se haga alusión del asunto de la vida privada de alguien en el entorno profesional sin su consentimiento.

También, debemos evitar las palabras groseras si pensamos que así vamos a ser mejor aceptados o reconocidos, aunque en ese ambiente sea lo más común.

Si inevitablemente proferimos palabras fuertes, tratemos siempre que estas se dirijan a cosas y situaciones, no hagamos alusión directa a personas, aunque éstas no están presentes también se pueden enterar, y esto solo daña a nuestra propia Imagen.

Aunque la palabra no sea tan rasposa, o consideremos que no es una grosería, hagamos empatía antes de esgrimírsela a alguien, esto es pongámonos en su lugar, por ejemplo, si le decimos a alguien ¡qué tonto fuiste!, esta persona puede tomar esto como una falta grave a su integridad, evitemos decirle a nadie que es incapaz o incompetente escondidos bajo un escudo de mayor jerarquía, o supuesta autoridad.

Y ¿qué podemos hacer para controlar el lenguaje en lugar de trabajo, sin pasar por muy grosero o por el contrario por puritano?.

U N O

Hablemos con todos, busquemos indicios de cómo se sienten los demás usando malas palabras, si suficientes personas se sienten incómodas con el uso de lenguaje altisonante pues ya tenemos la respuesta, hay que evitarlas hasta donde podamos, y usarlas solo con aquellos con quienes sentimos afinidad y confianza en este sentido.

D O S

Si por ejemplo, eres de los que se sienten incómodos o incómodas con el uso generalizado de un lenguaje fuerte y hasta soez, y consideras que no es el lugar apropiado, busca un ambiente en el que te sientas cómodo, y si no se puede al menos no participes y sobre todo no manifiestes tu molestia, haz oídos sordos; es muy difícil cambiar una cultura de trabajo grupal, no vale la pena ir contra el mundo en este sentido y es mejor no darse por aludido.

T R E S

Si el trabajo es muy bueno, pero el ambiente es muy fuerte, acéptalo como un reto, además, un lenguaje elegante o uno vulgar poco tienen que ver con un buen o mal rendimiento, no se puede decir que alguien haga mejor o peor su trabajo por un uso indebido del vocabulario, pero si este uso es para ofender e incomodar si puede tener repercusiones, especialmente con el deterioro de la propia Marca Personal.

Para juzgar si un lenguaje es apropiado a la ocasión o si es digamos vulgar, todo depende del punto de vista de quien lo juzgue, es cuestión de percepción; las groserías o maldiciones sí pueden influir en cómo nos ven los demás, generalmente el uso de lenguaje fuerte y grosero tiende a ser mal visto, pero definitivamente no ayuda nunca a construir una buena Marca Personal, es muy difícil que una persona proyecte una buena imagen con un lenguaje inadecuado.

“Al final todo recae en el profesionalismo”.

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