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¿Por qué compartimos historias?| El Arte de saber contar historias | Saber contar historias para mejorar tu Marca Personal | Las Historias que compartimos | Cómo compartimos historias a través de Redes Sociales #RRSS | Tipos de historias que contamos | El storytelling para mejorar la Marca Personal | Storytelling como herramienta de personal branding | Cómo compartir una historia en Instagram Facebook Youtube | Sherezada Edgar Allan Poe y James Joyce contadores de historias | El Arte de presentarse | Elevator Pitch o Discurso del ascensor
Las Historias que compartimos | Storytelling para Marca Personal | Artículo original de Gustavo Pérez Ruiz.

Las Historias que compartimos

Estamos siendo testigos de un ‘storytelling’ sin precedentes.

Hoy en día, tanto en medios convencionales -TV y Radio-, como en medios digitales -Redes Sociales y demás plataformas-, escuchamos y vemos constantemente historias que nos conducen a través de un breve relato en el que al final nos acaban presentando la marca que patrocina el anuncio.

En muchas ocasiones la historia no tiene absolutamente nada que ver con la marca del producto, pero su objetivo es llamar la atención y conmover al espectador para que al final relacione la marca con algunos valores, como por ejemplo:

El compañerismo, la generosidad, el apego a las tradiciones, el cariño familiar, el esfuerzo y la dedicación al trabajo bien hecho, entre otros más.

Y, hablando específicamente de medios y plataformas digitales, como Instagram, Facebook, iVoox, Spotify o Youtube, vemos y continuamente escuchamos contenidos en forma de sugerencia donde Coachs de motivación y Consultores de marca personal nos repiten una y otra vez:

“Si quieres superarte y posicionarte en tu competido gremio debes saber contar tu propia historia”.

Aquí mismo he sugerido en más de una emisión la importancia de contar con un buen “Elevator pitch” (con el ya popular discurso del asensor).

Cómo presentarse breve y llamativamente
Definición de ‘Elevator pitch‘:

Elevator pitch es esa breve exposición de máximo un minuto en la que debemos saber exponer con claridad a qué nos dedicamos profesionalmente, y lo que es más importante, definir qué podemos hacer para que quienes nos escuchen alcancen sus metas con nuestra ayuda”.

Contar con este ‘Elevator pitch’ es algo que me parece prácticamente imprescindible para lograr un mínimo de atención.

Los orígenes del ‘storytelling’ como historias que compartimos

El ‘storytelling’ como estrategia para contar, desarrollar y adaptar historias a una necesidad concreta tiene su origen en la antigüedad, en el arte de contar historias.

Desde Sherezada, la doncella que cada noche le contaba una historia diferente a un Sultán Persa, con el objetivo de que no desposara ni decapitara a una mujer diario, como venganza contra su primera esposa, la que al parecer le fue infiel, Sherezada buscaba cada noche mantener al Sultán interesado para que no mandara matar a su hermana -la hermana de Sherezada-, ni a ella misma, y así al parecer, prolongando sus historias duró “Mil y una noches”.

Ya sea solo para sobrevivir, para entretener y fundamentalmente para llamar la atención, todos en alguna ocasión hemos contado cualquier tipo de historia.

Al escritor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849) se le reconoce como el precursor de los cuentos de terror.

Edgar Allan Poe producía este tipo de siniestros relatos de ficción entre policiales y de misterio con el fin de provocar estupor y terror, cosa que en la primera mitad del siglo XIX le hizo granjearse una enorme notoriedad por su originalidad.

Por su parte, el escritor irlandés James Joyce (1882-1941), quien carecía de afanes protagónicos, logró un protagonismo similar -sin quererlo-, destacó su propia imagen intelectual a través de las historias que pretendían exponer el carácter y la cultura irlandesa de los personajes más sencillos de la vida cotidiana de Dublin, entre ellos él mismo, que se describe sutilmente -quizá sin pretenderlo- como protagonista ficticio en varias de sus historias, por allí deja ver su alter ego en algunos de sus relatos, entre ellos su obra capital,  Ulises.

Todos hemos contado historias que compartimos en diversos foros

Ya sea escritas, habladas o actuadas, todos hemos contado historias con diversos géneros y formatos, ya sea para cautivar a la audiencia de un auditorio, o para ganarte el cariño y la admiración de la chica que te gusta, o para atraer con fotos la atención de tu grupo de Whatsapp, o para que destaques durante una entrevista de trabajo.

Todos exponemos nuestra historia por escrito, en audio o con algunas imágenes, mismas que representan mini-capítulos de los avatares de nuestra vida.

Desde mi punto de vista, entiendo que es necesario saber contar nuestra propia historia, pero solo en los foros o medios adecuados para tal acción, y cuando nos sea requerida, cuando nos pidan que la contemos.

Las mejores historias que compartimos tienen que ver con…

Me parece que las mejores historias siempre tienen que ver con contar eso que a los demás les sucede, más que centrar los relatos en nuestra propia persona.

Sherezada, Allan Poe y Joyce centraban sus protagonistas en la vida y obra de los demás, no en la propia, aunque a la postre su arte alcanzó tal envergadura que acabó por colocarlos en una posición destacada en sus medios.

Estos artistas entendían que las mejores historias que se pueden contar casi siempre tienen como protagonistas a los demás, no a ellos mismos.
En ocasiones ni siquiera es necesario contar las historias de otras personas, basta con centrar el protagonismo en una causa benéfica, como por ejemplo el rescate y protección de la naturaleza.

Allí reconocemos la enorme popularidad de Greta Thunberg, la adolescente y activista sueca que enarbola la protección medioambiental como causa principal de su actividad, una en la que cuenta ‘historias’, mismas que tangencialmente le reflejan una gran atención por parte de los medios de comunicación.

Casi todos conocen el activismo de Greta en pro del ambiente como protagonista de sus historias, y casi todos desconocen detalles de su vida privada que a ella no le interesa compartir.

Ya sea que tu historia tenga que ver con una persona anónima, con una causa humanitaria, con un motivo político, con un movimiento o con un acto benéfico, siempre llamará más la atención el contar ese algo que tiene que ver con los otros y que además los enaltezca.

Preséntate como actor secundario de tu propia historia

Aunque es bien cierto que debemos estar preparados cuando alguien requiera que le expongamos nuestro conocimiento y ‘know-how’, al hacerlo debemos tener la capacidad de presentarnos como actores secundarios de nuestra propia historia.

Y digo secundarios porque los protagonistas deben ser los acontecimientos originales o las situaciones complejas que nos haya tocado vivir, así como las formas que utilizamos para superar esas dificultades, y no tanto nuestra propia persona.

Es muy complicado y especialmente delicado para nuestro prestigio o marca personal situarnos como la estrella de nuestra propia historia, aunque estemos contándosela a quien nos la haya solicitado.

A ver, esto puede parecer un «capcioso juego de palabras», pero tiene gran sentido para no estropear nuestra imagen, y aquí te pongo un ejemplo:

Seguro recordarás la película de Braveheart (Corazón valiente), la que dirigió y protagonizó Mel Gibson en el papel de William Wallace, el héroe escocés del siglo 13.

Aunque a ojos de los demás, de todos los contemporáneos de esa historia, de sus admiradores, de sus detractores y de quienes siglos después lo hemos visto en el cine, parece como que Wallace fuera el actor principal, y en cierta medida lo era, pero el verdadero actor principal era el movimiento independentista.

En ningún momento escuchamos a William Wallace haciendo alusión de sus enormes habilidades como combatiente, ni vanagloriándose de su gran preparación cultural, jamás comentó:

-“Síganme porque Yo tengo la fórmula del éxito”,

ni tampoco presumía de sus grandes dotes de liderazgo.

William Wallace nunca dijo:

“Yo les enseñaré a luchar cuerpo a cuerpo para vencer.
Les mostraré como ser los mejores guerreros, para que alcancen mi mismo nivel de combate.
Adquiere mi técnica para organizar y arengar a tus tropas tal como yo lo he hecho en innumerables batallas. Y para comprobarlo pregúntenle al Rey de Francia, o a los nobles de Gales o de Alemania, quienes te podrán dar cuenta de mi buena calificación como General.
Yo soy el número UNO de todos los líderes militares y te puedo hacer triunfar tal como lo hice en equis y ye batallas”.

No es fácil contar nuestra propia historia sin caer en la arrogancia o en la presunción, especialmente cuando consideramos (quizá con justicia) que hemos tenido un cierto nivel de éxito que podría ser digno de reconocimiento.

Las historias que compartimos como profesionales

Cuando te encuentres en determinados ambientes, como por ejemplo en una entrevista de trabajo, o ante un potencial socio o un cliente, allí sí es conveniente que estés debidamente preparado para exponer tu saber hacer de forma concisa, veraz, honesta, prudente y que cause al menos un mínimo interés para que los que te escuchen quieran profundizar un poco más en tu perfil.

Fuera de estos ambientes, en una reunión familiar, entre amigos, compañeros, ex-compañeros o con el desconocido con quien compartes sillón en la sala de espera, allí tendrás otras opciones para generar oportunidades sin necesariamente ubicarte en el centro de la conversación.

Puedes hablar del intrascendente clima, podrías comentar un irrelevante partido de futbol, puedes soltarte hablando extensivamente de ti mismo y de tu importancia profesional, o, también puedes abrir la conversación con una pregunta:

¿Cuál es tu historia?
¿A qué te dedicas?
Me parece como que te gustan los deportes o la lectura, en fin.

Siempre te sorprenderán las cosas que puedes aprender y las oportunidades que puedes descubrir a partir de una conversación que al principio parezca insustancial o de poca repercusión, pero, en la que justo comienzas poniendo como protagonista a tu interlocutor, y de allí en adelante cualquier cosa positiva podría pasar.

En términos muy generales, todos los seres humanos, por naturaleza, preferimos hablar de nosotros mismos antes que tener que escuchar los gustos e intereses de los demás.

En el momento que tú haces a un lado tu historia personal y permites el paso de la historia de otra persona, para que te la cuente o te la comparta, estás cediendo el protagonismo a esa persona.

Cuando le otorgas el protagonismo a quien estás dispuesto a escuchar y demuestras un natural interés en lo que tiene que decir estás provocándole una serie de positivas reacciones internas entre las que se encuentran la satisfacción, el goce, el disfrute de saberse escuchado, la alegría de poder ser reconocido y lograr ser por unos minutos el centro de atención de al menos una persona.

Cuando tú provocas reacciones tan positivas en otra persona ésta no te olvidará, te tendrá en cuenta, sabrá quién eres y probablemente también manifestará una curiosidad por conocer tu historia.

Las historias que compartimos acerca de otros

A mi me parece que siempre son más interesantes las historias de los demás, sobre todo las que arrojan un mensaje positivo, uno de esperanza, de lucha, de consistencia, de arrojo y fracaso, de volverse a levantar.

Es triste escuchar a muchos que prestan poco interés en lo que alguien tiene que decir.

Es incluso molesto permanecer atento a quien solo tiene palabras para describirse a si mismo como ejemplar y que le cuesta trabajo dejar espacio para que el resto tomemos la palabra.

Estos son renuentes a poner atención a otros, especialmente a quienes comparten sus historias de sacrificio, de esos periplos para salir del fondo y cumplir objetivos -parciales o totales-.

Me parece que esta actitud puede deberse a la envidia o al egocentrismo.

Al aceptar que otros sean los protagonistas de sus propias historias o representaciones, realmente te estás colocando como un espectador más sobre su propio escenario,
y quienes cuenten con tu atención seguramente preferirán incluirte como un personaje más en su historia particular, porque la mayoría valora el hecho de ‘ser escuchado’, más que tener que aguantar tus peroratas.

Casi todos preferimos convivir con -y pertenecer a- los grupos sociales que nos hacen sentir valorados, más que ser parte de un grupo que solo pretende aleccionarnos o convertirnos a su propio criterio, o vendernos su concepto del éxito.

Las falsas historias que compartimos

Es verdad que a muchos les impactan las historias de gente que relata cómo han ganado millones en Internet, o que publican sus ingresos para que todos los vean, o admiren.

Me parece que nos impresionan más aquellos personajes que comparten desinteresadamente los conocimientos y experiencias (en forma de historias) que los llevaron a lograr tales hazañas financieras sin querer vendernos su fórmula mágica, o el revolucionario método con el que rebasaron las seis cifras,
donde encontraremos en «letra pequeña» la aclaración de que
ese método solo funciona repitiendo las agresivas condiciones particulares que éstos personajes solo podrían repetir bajo estrictos controles de laboratorio, ¡si es que son ciertos!
Parece broma pero la realidad llega a superar a la ficción.

¿Qué pensamos de quienes cuentan nuestra historia?

Creo que la mayoría estimamos más a quienes cuenten nuestra historia.
Valoramos en gran medida a quienes nos señalan como encomiables, como sobresalientes;
tenemos en gran aprecio a esos que aprovechan cualquier foro u ocasión para compartir un pedazo de nuestra historia como si fuera algo digno de destacar.

Dejemos que los protagonistas sean los demás.

Hagámonos a un lado, permitámonos aprender algo novedoso.


Hablar de uno mismo es de cuidado

Cuidemos las historias que compartimos, o que contemos, de preferencia procuremos que transmitan un mensaje.


¿Tú eres de los que aprovecha tu turno de palabra para reconocer el trabajo de otro o de otra o para señalar su actividad como digna de ser aplaudida?

“Historias, todos tenemos historias.

La naturaleza no cuenta historias, nosotros las contamos.

En ellas nos encontramos, en ellas nos hacemos, en ellas nos elegimos.

Si somos las historias que nos contamos, más nos valdría escogerlas muy bien”.

-James Orbinski

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Imagen de ‘Las Historias que compartimos’ de Pixabay.com libre de Derechos de Autor.
Fotógrafo:  Joseph Mucira

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