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Profesión de Riesgo para el Consumidor | El Cocinero del FUGU o pez globo es considerado un artista en Japón. Por: Gustavo Pérez Ruiz.

Profesión de Riesgo para el Consumidor

El fugu o pez globo japonés es uno de los platillos más exclusivos y caros de la gastronomía japonesa. Pero, a pesar de que uno pueda pagar el alto precio por comerlo, eso no le quita el serio riesgo que conlleva comerlo.

Hay quienes comparan comer fugu con jugar a la ‘ruleta rusa’, dado que este pez es altamente venenoso.

Dice la revista National Geographic que el fugu tiene un poderoso veneno en los riñones, en la piel, en los ojos, en los intestinos y sobre todo en el hígado y los ovarios.

El fugu produce una de las sustancias más tóxicas conocidas,

la cual es cientos de veces más venenosa que la estricnina o el cianuro, y es tan mortal que el solo ingerir un pequeño rastro puede matar en pocos minutos a un hombre adulto.

Las estadísticas de la gente que se intoxica y muere tras haber comido el fugu son inciertas, porque varían mucho de fuente en fuente.

La revista Facts and Details comenta que alrededor del 60 por ciento de las personas que mueren de envenenamiento por fugu sufren lo que la ‘Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos’ describe como «una muerte rápida y violenta».

Entre 3 y 30 minutos después de comer un fugu contaminado, o mal preparado, las víctimas comienzan a mostrar síntomas de intoxicación.

Muchos consumidores del fugu mueren al comerse el hígado, y lo que los ‘gourmets‘ del fugu comentan es que «Es un gran manjar», porque una vez que lo comes ¡ya no puedes parar! (sic).

El fugu o pez globo es muy popular en Japón, también muy tóxico.

Tokio tiene alrededor de 800 restaurantes certificados para la preparación del pez globo japonés. En total existen más de 3.800 en todo el país.

Las certificaciones que se cuelgan visiblemente a la entrada de cada local muestran que los chefs han pasado las rigurosas pruebas de preparación.

¿Qué estudios o habilidades necesita tener un chef para contar con la licencia de preparación de este pescado tan extravagante, y al parecer tan peligroso?

Yo a esta habilidad ya no sé ni cómo clasificarla, pero ‘habilidad blanda’ (soft skill) no me parece apropiada.

Se dice que para ser certificado en preparación del fugu se han de aprobar exámenes rigurosos, como deben ser.

Y, en las pruebas prácticas le entregan a los aspirantes tres cosas:

A) Un fugu,

B) Un cuchillo especial para fugu y

C) Dos sartenes.

Y en menos de 20 minutos, los cocineros deben colocar todas las partes venenosas en una sartén y todas comestibles en la otra, etiquetándolas debidamente por colores, con rojo para las tóxicas y con negro para las comestibles.

Además, los aspirantes a esta profesión de riesgo deben preparar el fugu en un plato que sea ‘Artísticamente atractivo’.

Pero, la parte más difícil de toda la prueba es separar los ovarios femeninos, una de las partes más mortales, que se ven y parecen casi idénticos a los testículos masculinos (valga la redundancia), que por su parte son un manjar.

Así que hay que saber distinguir entre ovarios y testículos, con muchísima precisión, porque una confusión sería técnicamente mortal. Si los mezclan obviamente reprueban.

Para que un Chef pueda considerarse como un confiable preparador certificado necesita aproximadamente 11 años de prácticas vigiladas, vigiladas por un maestro del arte.

Todos los cocineros de Tokio que preparan fugu tienen licencia para esta profesión de riesgo.

Todos los cortadores del fugu han tomado y superado cursos intensivos, también han pasado por un aprendizaje de varios años junto a un maestro preparador del fugu.

Y como dije, aprueban con exámenes por escrito, y demuestran habilidades superiores preparando una variedad de al menos doce platillos.

Al igual que cualquier Profesional japonés, los chefs del fugu se consideran a sí mismos artistas. Esto es curioso pero muy cierto, y es lo que me gusta de la mentalidad japonesa:

Los japoneses consideran su oficio o profesión como un arte, y se desviven por convertirse en maestros, en artistas.

Independientemente de la filosofía japonesa, me atrevería a decir que cada profesión, de riesgo o no,  en sí misma podría considerarse como un arte, aunque en occidente no lo entendamos así.

El hecho de aprender, experimentar, trabajar y mejorar un mismo oficio durante años, acaba por convertir a su practicante en un artista de su profesión, al menos eso es lo que la mayoría esperamos de una persona:

«Que con el paso de los años se acabe convirtiendo en un experto de su saber hacer, porque un profesional así nos transmite confianza».
Bonsáis o el Arte de tener Paciencia

Por su parte, la profesión de Chef de fugu, como todo oficio que conlleva un alto nivel de responsabilidades, por el riesgo que implica su buen o mal desempeño, se podría decir que es similar a la de un Neurocirujano, o a la de un Controlador Aéreo, o a la de un Ingeniero Civil que calcule estructuras:

Porque estas profesiones exigen un alto nivel de cualificación, dado que su incorrecto o mal desempeño podría acarrear una tragedia que implique pérdidas de vidas.

Se dice que los chefs japoneses de la antigüedad, y con antigüedad me refiero todavía al siglo XX, practicaban el ‘seppuku‘ justo después de enterarse que alguien muriera debido al fugu que él preparó incorréctamente.

El ‘seppuku es el ritual japonés también conocido como ‘harakiri‘ en el cual el individuo se suicida por desentraña-miento, cortándose el vientre con una espada.

Más allá de las leyendas urbanas de hoy en día,

todavía no encuentro información verídica que confirme que esta práctica del ‘sepukku o harakiri’ se siga llevando a cabo en esta profesión de riesgo para el consumidor; no se suele leer por allí que algún Chef se haya suicidado después de que su cliente muriera tras haber saboreado el ‘sashimi’ que le preparó.

Yo nunca he probado el fugu, ni lo haría aunque fuera a Japón, pero los aficionados a la buena gastronomía por supuesto que lo consumen y lo recomiendan como uno de los alimentos a probar para ser un completo gourmet.

Lo que me parece ejemplar para rescatar y aplicar aquí en un programa de emprendimiento y gestión ejecutiva es poder hacer similitudes.

Por ejemplo.

Los Chefs certificados en preparar el fugu no tienen que persuadir al potencial cliente de que no le causarán daño.

En ningún restaurante publican o se presentan con el cuento de que:

-Aquí se come el fugu más seguro.

-Este es el fugu que prepara con tanto valor nuestro Cocinero, el que no sabe igual que los demás.

Los Chefs tampoco se presentan a sí mismos como carismáticos, exitosos y reconocidos cortadores del fugu, esto sería ridículo, ni mucho menos dicen:

-Este es el fugu que no te matará, o

-Aquí disfrutarás del mejor fugu y vivirás para contarlo.

En general, allí en Japón así no funciona la mercadotecnia, sea fugu, sushi o hamburguesa.

En el país del sol naciente los profesionales son más serios y menos petulantes, y los clientes descreen de los habladores, de esos que no paran de hablar de sí mismos y de sus logros.

Protocolo Japonés de Negocios

Y es que allí en Japón los comensales llegan por sí solos al restaurante atraídos por su categoría y por las recomendaciones que otros les dieron, más que lo que dicen de sí mismos los Chefs o los dueños del restaurante, y sus antecedentes los preceden.

Y el resultado de su buen o mal servicio jamás se lo atribuyen al consumidor, faltaba más que se muera alguien por consumir fugu y que el Chef se exculpe de todo daño o perjuicio que le haya causado.

En Occidente por ejemplo, en otro tipo de productos o servicios,

unos que ni siquiera son de riesgo para la salud, allí si se aclara (medio descaradamente) que el fracaso por el uso de la marca es responsabilidad del usuario, por no haberlo utilizado con suficiente eficacia, o por un uso indebido, o por equis pretextos que son directamente atribuidos a quien lo adquirió, o sea al consumidor, nunca es culpa de la marca.

Esta es nuestra época, y así también es Occidente:

-Yo te vendo algo de altísimo valor pero si tú no lo aproveches a su máximo potencial, ERGO, es tu culpa, no hay éxito.

Hace ya varios años, alguien me quería vender una equis técnica, pero me aclaró que los resultados dependían de mi esfuerzo particular con tal técnica, y lo entiendo:

A mi podrá venir a darme clases de tenis John McEnroe o Rafael Nadal que no sería necesario tener que aclararme que mi fracaso en el circuito de tenis internacional, y hasta en mi club deportivo local dependería solo de mí.

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Otra cosa que veo es que las profesiones que implican menos riesgos a la salud o a las finanzas, y que a su vez generan grandes ingresos, como jugar al tenis o vender ropa, tanto para el profesional que la practica como para los usuarios o beneficiarios de su marca, son las profesiones más competidas, y por eso hay tanta incidencia de fracasos.

Las profesiones y especialmente los oficios más competidos también suelen ser los menos remunerados, porque requieren de menos horas de estudio y práctica para su total dominio, en su facilidad para lograr un respetable nivel reside el gran tamaño de la competencia, porque muchos la pueden ejercer eficazmente con relativa facilidad.

Yo por lo pronto, no pienso certificarme al menos para esta profesión de riesgo para el consumidor.


«Si tienes problema para persuadir a las personas de que compren lo que vendes, entonces quizá deberías vender otra cosa».

-Seth Godin | Gurú de la Mercadotecnia Digital

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Fotografía de ‘Profesión de riesgo para el consumidor’ de Pixabay.com libre de Derechos de Autor.
Fotógrafo: Pexels

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